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Marathon des Sables, la carrera más dura del mundo

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Estos días (hasta el 15 de abril) se celebra en Marruecos la Marathon des Sables, una carrera de ultrafondo, considerada una de las más duras del mundo, que recorre buena parte del territorio más árido del sur del país.

La prueba, que ha llegado a la 28a edición, dura seis días o etapas, en los que los participantes tienen que recorrer alrededor de 240 kilómetros. En alguna ocasión, los atletas tienen que hacer hasta 80 kilómetros en un sólo día, con temperaturas muy altas (y cargando con todo el equipo de avituallamiento necesario para pasar las noches al raso.

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Los participantes salieron el domingo 7 de abril de desde una población cercana a Rissani (Jebel Irhs) y está siguiendo su recorrido que le llevará a Merzouga, por las enormes dunas de arena y un terreno desértico de piedras, canteras y llanuras de lagos secos.

Entre los valientes participantes de esta carrera que se celebra ininterrumpidamente desde 1985 hay marroquíes, españoles, franceses, alemanes, británicos, austríacos, jordanos o argelinos, entre muchas otras nacionalidades.

Por el momento, el marroquí Mohamad Ahansal se encuentra en el primer puesto de la clasificación, seguido por su compatriota Aziz El Akad, el jordano Salameh Al Aqra, y del  español Miguel Capo Soler.
Mucha suerte a todos!

http://www.marathondessables.com/

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Erg Chebbi: Leyenda oral

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La leyenda dice que la formación del más grande erg (palabra que significa  ‘desierto de arena”) de todo Marruecos, el Erg Chebbi, fue un castigo de Dios a unas familias ricas que se negaron a aceptar a una pobre mujer que iba con su hijo en una fiesta, mientras ellos se lavaban las manos con leche y estuvieron jugando con bolas de cuscús.

Así que, como castigo a su falta de hospitalidad (una de las grandes cualidades de la sociedad marroquí) estas famílias ricas fueron enterradas  debajo de la arena por unas fuertes tormentas de arena, y de ese modo se formaron las grandes dunas del desierto de Erg Chebbi, característico además por su arena rojiza, muy especial, y que llegan a alcanzar unos 160 metros de altura por encima del nivel del mar.

En la actualidad, el desierto de Erg Chebbi es un interminable mar de dunas en los que disfrutar como niños, paseando, tirándose de la cima a la base, o viendo las estrellas fugaces con sólo el sonido del viento. Un sueño hecho realidad.

Además, en verano, muchos son los que se toman unos terapéuticos baños de arena, realmente muy eficaces para el reumatismo, la circulación y otras enfermedades de la piel. Los baños consisten en enterrarse unos minutos en la arena caliente.

Un festival de vida en medio de la nada…

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Los  bellos   y  austeros   paisajes del  desierto  cautivan  al  viajero irremediablemente, especialmente sus  dunas. Y es que Erg Chebbi  es  el  mayor paisaje de dunas de Marruecos, el gran mar de dunas.

En  aparencia, se trata de un espacio deshabitado, donde  sólo hay  viento, mucha arena, y grandes  horizontes….pero una  vez asimilado el conjunto, atravesandolo a pie o quiza a lomos de un dromedario, vislumbremos indicios de vida: rastros en  la arena de un pajarillo que se levanta donde sólo veíamos piedras; el escarabajo que se afana entre los excrementos del dromedario…

Sí, hay vida  en las  dunas. Puede que a veces escasa, pero muy especial y sorprendente por su perfecta adaptación a un medio tan extremo como es el desierto, casi sin agua ni vegetación y con temperaturas que oscilan sin parar.

De día, una observación minuciosa de  las  arenas  nos permitirá descubrir por donde ha pasado un escarabajo, dejando un irregular rastro de doble raya; o  las claras  señales de  un lagarto agama, con las marcas de los dedos a ambos lados de la linea  que traza su  cola (el gran  lagarto  de  cola espinosa   se  detecta  por los  grandes  nidos que excava  en  el  suelo  firme,  nunca en  la arena) . Y las sinuosas  marcas  que deja la víbora al reptar la  arena?  son todas  una  recompensa  debido  a su hermosura plastica y su rareza. Los más intrépidos, pueden salir de noche   con una linterna y escudriñar bajo las piedras o en los escasos matorrales. Quizá gocen de algun encuentro.

Entre  mamíferos que habitan el desértico mar de dunas, destacan los  roedores, sobre todo el  jerbo, ‘rata-canguro’, con largas patas traseras que usa de manera parecida a los marsupialse. Los  fennec o  ‘zorro orejudo’ son unos preciosos zorrillos que comparten el pálido color de la arena y se enmarcan por unas enormes orejas que les permiten oir los movimientos de cualquie roedor o insecto .

Mención especial merecen también las aves, aunque sólo seis especies críen en  las dunas de  Erg Chebbi. Se trata de las cuatro alondras:

–         la Ibis,

–         la Congujada común

–         la Terrera solingra

–         la Terrera sahariana

–         la  Curruca sahariana

–          el  gorrión sahariano

La  última de éstas,  es quizás la especie  mas  valorada por los ornitólogos, debido  a  que éste es  uno de los pocos lugares accesibles para  verla. Cinco  de estas  especies tinen colores claros parecidos  al tono del paisaje, camufladas perfectamente a su entorno.

Al amanecer, oiremos el reclamo de  las Gangas, unas curiosas aves parientes de las perdiz que llegan  a recorrer cincuenta kilometros cada  mañana para  alcanzar los escasos abrevaderos que pueden encontrar. Si tienen crias, mojan las plumas  de su  vientre y  llevan asi  el líquido a  los pollos. Éstos beben  hundiendo el pico  en el plumaje.

En los años  mas lluviosos o tras chubascos ocasionales, es possible encontrar aves propias  de las zonas húmedas. El motivo  es  la  presencia de un pequeño lago temporal  en las proximidades  de Erg  Chebbi. De  madrugada, cuando el sol todavía no aprieta, se ven Flamencos, Patos, Gaviotas  y  Charranes:  numerosos limicolas y pajarillos  propios   de humedales.

De Marrakech a Fez, entre las dunas

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Acabamos de volver de una ruta de 3 dias y 2 noches con dos viajeros brasileños. Desde la otra orilla del Atlántico, a miles y miles de kilómetros, vinieron para maravillarse de una recorrido por nuestro país, que empezó en la ciudad Ocre de Marrakech y terminó en la majestuosa Fez.

Cruzamos el Atlas, parando a Ait Ben Haddou y Ouarzazate hasta llegar al valle del Dades, con su serpenteante carretera, sus pueblos pintorescos, sus montes pelados y valles de frondosos palmerales.

Finalmente el desierto, aquel immenso paraje de arena, único en el mundo, capaz de dejar sin aliento a cualquiera. Como a nuestros amigos, cuando tuvieron la oportunidad de pasear a lomos de los camellos, viendo como el sol se ocultaba entre las dunas, bañando toda al arena de una luz intensamente roja. Sin ruido, más que el de la suave y refrescante brisa, el dulce crujir de las pisadas de los dromedarios sobre la arena, llegamos al campamento. En pocos minutos el cielo azul desapareció para dar paso a un manto de estrellas. Una estrella fugaz, un deseo. Y un té de bienvenida, nuestra bebida nacional.

Comimos deliciosamente gracias a Hda, nuestro cocinero, que preparó un típico tajine de pollo con verduras y la ensalada marroquí, de tomate, pepino y cebolla, con la fruta de la temporada: en esta época, es el turno de los higos y la huva, y un poco de refrescantes melón y sandía. Paseamos bajo la luz de la luna por encima de las dunas para luego irnos a dormir a las jaimas.

Al dia siguiente, nuestros dromedarios nos condujeron, justo después de la salida del sol, cuando sus primeros rayos de luz bañan el campo de dunas, hacia el hotel, para ducharnos y comer un completo desayuno, que Barak nos preparó, para recuperar fuerzas. Volvimos a la carretera hacia Rissani, a ver el souk o mercado de animales y el de especias y artesanía. Día de bulliciosas compras. Y como justo ahora se recoge el dátil, un buen saco de esta delícia.

Proseguimos nuestro camino hacia Fez, pasando por Midelt en donde comimos, y por el bosque de cedros hacia Ifran, hasta nuestro destino final, Fez, en donde hemos dejado a nuestros amigos para realizar la indispensable visita a esta ciudad imperial.

Una ruta intensa que bien lo merece.

Obrigado amigos muito, até a próxima!